LA ARROGANCIA DE LAS MAYORÍAS

“Lo que ha sido creído por todos siempre y en todas partes, tiene todas las posibilidades de ser falso”. Paul Valéry
El filósofo alemán Friedrich Nietzche entendía que la antigua Grecia había entrado en decadencia cuando dejó de lado el ideal de perfección y se normalizó la mediocridad.
Tal es su pensamiento que expresa: “El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”. Siguiendo ese camino, entiende que la große Masse (gran masa) absorbe a los espíritus más distinguidos; incluso en la educación, aquellos que tienen un impulso a la autosuperación ven obstáculos en su camino puestos por aquellos que envidian la desigualdad natural.
Esta introducción viene a cuento de una experiencia personal en las redes sociales luego de publicar un tuit con una analogía sobre fútbol referida al ministro de economía Martín Guzmán, que tuvo una repercusión que me sorprendió no por los comentarios positivos, sino todo lo contrario, por la catarata de insultos que escribieron sobre mi persona.
Ahora bien, luego de releer las respuestas pude ver un patrón de “comportamiento”, bastó con que uno ponga una descalificación —que por cierto, no me afectan en absoluto— para que salgan otras personas, cual jauría de perros, en coro y repitiendo más o menos lo mismo.
Otro comportamiento común es proponer la “falacia del hombre de paja”, por la cual no se ataca el argumento, sino el pensamiento político que la persona cree que uno tiene, creyendo que con eso se debilita la argumentación; todo lo contrario, quien queda en desventaja es quien lanza la falacia.
Todos los tuits “injuriosos”, eran retuiteados y aprobados por los mismos que posteriormente escribían algo parecido. Era como si la cantidad diera valentía para escribir, siendo que el ofensor se pierde en la masa y se invisibiliza, pero lo que es peor, se cree que el pensamiento está validado por el resto, e incluso que “ganó” una supuesta discusión.
Otro episodio que me ocurrió se dio en oportunidad de discutir sobre la falsa dicotomía entre economía y salud, mi interlocutora me responde en un momento, palabras más palabras menos: yo me quedo tranquila total no soy la única que piensa esto. La frase utilizada me quedó rondando en la cabeza, no tanto por si la postura es errónea o no, todo lo contrario, lo que me hacía ruido es esa necesidad de que otros piensen igual que yo para sentir una sensación de aprobación y veracidad.
Ese pensamiento acrítico, más bien acomodaticio, me mueve a querer revelarme aún más contra el pensamiento único, no puedo aceptar que todos debemos estar de acuerdo con determinados temas como si fueran dogmas arcanos e insustituibles.
Volviendo al facilismo de seguir un pensamiento mayoritario, las personas se ven más propensas a seguirlo, en mi opinión, por dos motivos: primero, no requiere estar pensando total ya viene dado y segundo, si luego se demuestra que era un sofisma, no hay culpa por haberlo seguido y se va en búsqueda del nuevo pensamiento mayoritario con una postura acrítica por el anterior.
En conclusión, en mi vida personal y profesional intento cultivar el denominado “espíritu crítico”, aquel que mueve a la persona a cuestionar todo lo que lo rodea, discutir lo que se supone es intocable, es decir, que todo puede, y debe, ponerse en cuestionamiento.
Siempre se debe tener una postura crítica, incluso cuando parezca que nos contradecimos, porque de esta confrontación podemos obtener dos resultados: o afirmamos nuestro pensamiento, o alcanzamos un nuevo pensamiento superador del anterior, haciéndonos crecer en el proceso.
Gracias por haber leído este ensayo. Los invito a dejar sus opiniones en la caja de abajo para enriquecer el debate de ideas.
Hasta el próximo posteo.
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