Consejos para motivarse (para la cuarentena o para la vida)

Motivación laboral efectiva: Lee estos 5 tips

«La vida no se trata de encontrarse a uno mismo, sino de crearse a uno mismo» [Bernard Shaw - Escritor (1856 - 1950)]


Estoy sentado frente a la computadora, el cuaderno de apuntes lleno de garabatos sobre datos, leyes y pensamientos respecto a la liberación de los presos que se dio en los últimos días: por qué está bien, por qué está mal, etc.


De repente, por esas cosas que no se pueden explicar, cruza por mi mente una frase de un capítulo del libro «Confianza total» (gracias Pablo Sacchi por recomendármelo), tacho la hoja del cuaderno, doy vuelta la misma y empiezo a escribir ideas que sean positivas, optimistas; ¿por qué?, porque me dije: «tengo que salir un rato del barullo de las noticias», y acá está el resultado —perdonen la desprolijidad y la redacción, este artículo fue hecho en una hora de reloj frenética—.


El encierro debido a la pandemia de la Covid-19 nos permitió dejar de lado por un buen tiempo la locura de la rutina laboral y personal, ordenar nuestras vidas dentro de las cuatro paredes de nuestras casas, ¡e incluso descubrir lugares o rincones desconocidos! 


Ya resignados con nuestro destino de encierro —al menos en mi experiencia personal—, los tres primeros días fueron de un relajamiento total: no existían los horarios, empezaba una cosa y la dejaba de lado (total había tiempo de sobra), «maratoneaba» series de Netflix, y un largo etcétera de actividades hechas a media.


Pero, pasado el desorden inicial, tomo dimensión de lo que pasa: ¡No hay posibilidad de trabajo por quince días! (en ese momento), ¿qué voy a hacer?, ¿cómo genero ingresos?, ¿qué hago con los costos fijos mensuales?... En ese momento pasé de la bucólica despreocupación a una ansiedad gigantesca como una ballena franca austral, y yo, arriba de un botecito de goma y con una caña de pescar como toda herramienta para contenerla.


En momentos de zozobra es donde se encuentran vías de escape, en mi caso, recordé unas técnicas de concentración y me puse a ejercerlas: primero, me enfoqué en lo que podía solucionar, luego en lo que estaba fuera de mi alcance, etc.; esa introspección me movió a realizar una serie de cosas diarias para manejar esa ansiedad y los «malos pensamientos».


En este punto, y antes de seguir, quiero dejar bien en claro tres cosas:

  • Soy abogado, y hace más de un mes que no trabajo, por lo que el problema económico no es algo que ignore, todo lo contrario; lo aclaro para evitar el clásico: «seguro que tiene plata por eso dice (o hace) eso».

  • Este artículo no pretende ser un rejunte de buenas acciones, tipo libro de autoayuda, sólo intento compartir cosas que me sirven a mí y tal vez le sirva a quien lea estas líneas.

  • Para quienes tienen hijos: mi respeto y admiración, tener la templanza de hacer frente a esta «locura» que estamos viviendo poniendo buena cara para que los chicos no sufran más es digno de reconocimiento; espero que alguna de las ideas que enumero a continuación les ayude.


Hecha las aclaraciones del caso, paso a enumerar esas cosas que me sirven para motivarme en el día a día:


1) No quedarse vestido en pijama: Aunque parezca inútil vestirse si no vamos a salir, el solo hecho de cambiarse de ropa hace que nuestra mente cambie de actitud y no se quede en el «modo cama».


2) Fijarse una rutina: Que no tengamos que ir a trabajar no significa tener un desorden en los tiempos; fijarse una rutina —con horarios— ayuda a calmar la ansiedad que nos da cuando vemos que no nos alcanza el tiempo para nada.


3) Meditar: Dejar un espacio de tiempo de entre 10-20 minutos para meditar, ayuda mucho a aliviar el estrés, la ansiedad y la depresión; para quienes tienen chicos, pueden hacerlo a primera hora, cuando todos duermen, o antes de dormirse, la idea es no tener interrupciones cuando meditamos.


4) Organizar un espacio de trabajo: La cocina, la sala de estar y el dormitorio pueden parecer buenos lugares para trabajar por su comodidad, pero esos espacios son los que más elementos distractores tienen; lo ideal es armar un espacio (puede ser pequeño), donde solamente nos dedicamos a trabajar, ¿tenes poco espacio? nuestro amigo Google provee de un montón de imágenes y consejos.


5) Hacer una lista de lo que nos gusta hacer: Hay kilómetros de libros de autoayuda que hablan de este tema, no voy a decir nada nuevo; sólo les pregunto: ¿qué mejor momento que éste?, no tenemos apuros, agarramos una hoja y una lapicera y contestamos «sí o sí» estas tres preguntas (para quien está en pareja o tiene hijos este ejercicio sólo sirve si somos egoístas al contestar, es decir, hacemos de cuenta que vivimos solos):


  • ¿Soy feliz con lo que estoy haciendo?

  • ¿Qué cosa o trabajo me haría feliz hacer? —no hay que limitarse, cualquier cosa es válida, nadie va a juzgarnos—. 

  • ¿Puedo hacer dinero haciendo esa actividad que me hace feliz?


El resto pasa por decidirse a realizar acciones con lo que está escrito en el papel: googlear para saber más, buscar referentes en lo que queremos hacer, aprender a cómo empezar, etc.).


6) Escribir metas y objetivos: Este punto está íntimamente relacionado con el anterior. Ya sabemos qué nos hace feliz hacer, y también sabemos que podemos ganar un dinero haciéndolo. Ahora viene lo más difícil: en el mismo papel, o en otro, hacemos un encabezado «Dónde quiero estar en» y tres columnas abajo: un año, cinco años y diez años, estas son nuestras «metas» (al igual que el punto anterior poner lo que uno quiere, no pensar en nada ni nadie, ni siquiera los hijos, sí, ni siquiera los hijos).


Tomando los enunciados escritos, ahora vamos a tomar cada meta y las vamos a dividir en pequeñas acciones, como cortar un tronco de árbol gigante en rodajas con una sierra eléctrica, estos van a ser nuestros «objetivos» —¿se acuerdan que les dije que no piensen en nada ni nadie antes?, bueno ahora es cuando debemos encajar nuestras metas con nuestra vida, nuestros afectos, los hijos y nuestras realidades—. 


Una última cosa: los objetivos deben tener cuatro características: ser medible (cuánto y como progreso), alcanzable (posible y realista), relevante (para qué y por qué), temporal (límite de tiempo) y específico (definir qué, cómo y a quién).


7) Distinguir días laborables y fines de semana: Si bien parece que estamos viviendo el mismo día todos los días, el hacer cosas diferentes según el día de la semana nos ayuda a descomprimir unos días, y volver a la rutina el resto.


8) Dejar espacios de tiempo para «uno mismo»: Todos necesitamos «desenchufarnos» de nuestras obligaciones, «mimarnos» un poco, disfrutar un poco sin remordimientos. Para esto, cada uno sabrá qué tiempo puede tomarse, y si tienen pareja y/o hijos, ponerse de acuerdo para que los ayuden a tomarse ese tiempo.


9) Parar los «malos pensamientos»: Estamos haciendo algo y, de repente, empezamos a pensar en cosas que nos agobian y nos sacan de eje; en ese momento debemos parar un minuto, «materializar» el problema —darle una imagen— y pensar: ¿podemos solucionarlo?, si la respuesta es negativa lo desechamos, no vale la pena perder tiempo en algo que no podemos solucionar; si la respuesta es afirmativa, anotarlo en un papel y pensar en tres posibles soluciones, con sus respectivas acciones a realizar, y lo dejamos. 


Este simple ejercicio, que no lleva más de diez minutos nos ayuda a sacarnos de la cabeza los problemas y nos da la sensación que sabemos cómo manejarlos.


10) Evitar la sobreinformación: Nos levantamos: coronavirus, desayunamos: coronavirus, hacemos algo: coronavirus, comemos: coronavirus, y así todo el día. Este constante bombardeo de noticias nos van «limando» la cabeza. 


¿Qué podemos hacer? Elegir un momento del día y uno o dos medios para informarse, el resto del día haremos cualquier cosa, intentaremos no ver, leer ni escuchar nada de noticias; la única excepción es escuchar o ver algo que sea sumamente importante.


Creo que esto es todo lo que tenía para compartir, gracias por haber leído este artículo. Los invito a dejar sus opiniones en la caja de opiniones.


Hasta el próximo posteo.








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